Desde sus primeros juegos con retazos hasta una trayectoria de casi tres décadas en el diseño, Lorena Sánchez comparte una mirada donde la creatividad, la sustentabilidad y el trabajo artesanal se convierten en herramientas para construir una moda con identidad y propósito.
Hay personas que encuentran su vocación en una escuela, otras en un taller y algunas, mucho antes de saber siquiera cómo se llama aquello que las apasiona. En el caso de la diseñadora mexicana Lorena Sánchez, todo comenzó entre retazos de tela que llegaban a su casa gracias al trabajo de su padre. Aquellos pequeños fragmentos, que para muchos no eran más que sobrantes, se convirtieron para ella en el primer lenguaje de una imaginación que, décadas después, sigue encontrando posibilidades donde otros solo ven descarte.
Durante su participación en Alpamoda 2023, Lorena reconstruyó el recorrido de una carrera que nació de manera intuitiva y que fue consolidándose con el estudio y la experiencia. Recordó que desde niña envolvía aquellos trozos de tela alrededor de su cintura para inventar prendas, aunque entonces todavía no imaginaba que el diseño terminaría ocupando un lugar central en su vida. “Yo traigo desde muy chiquita porque mi papá trabajaba en telas… yo los tomaba, me los me daba la vuelta en la cintura y me empezaba a hacer cosas”, evocó.
Aunque la vida la condujo inicialmente por otros caminos, nunca abandonó aquella inquietud creativa. Con la llegada del auge de la manta en México comenzó a confeccionar prendas, primero desarmando ropa para comprender su estructura y luego apoyándose en patrones comerciales hasta decidir profesionalizarse mediante cursos y diplomados de diseño. Ese proceso culminó con una decisión que marcaría el inicio de su emprendimiento: “Yo lo puedo hacer”, pensó al observar prendas que admiraba en una tienda. Desde entonces, lleva más de veintisiete años dedicada al diseño.
Su historia también demuestra que el talento suele avanzar acompañado de la perseverancia. Sin grandes estructuras detrás, comenzó comprando apenas un metro de manta, algunos botones y un carrete de hilo para confeccionar chalecos que luego ofreció personalmente a una tienda. Aquella iniciativa abrió la puerta a desfiles, vestidos de novia, prendas de fiesta y, con el tiempo, a un universo creativo orientado especialmente hacia la infancia.
Ese universo posee una característica que atraviesa toda su obra: cada objeto busca transmitir algo más que belleza. Sus muñecos confeccionados en algodón representan niños con distintas discapacidades para que quienes los reciben puedan verse reflejados en ellos. Para Lorena, el diseño también puede convertirse en una herramienta de inclusión y empatía. “Es como una empatía que ve un juguete como ese niño, ¿no? Que tiene la misma discapacidad que el niño”, explicó al describir una de las líneas que más satisfacción le produce desarrollar.
La misma sensibilidad aparece en otras de sus creaciones. Diseñó un muñeco capaz de “atrapar pesadillas”, pensado para que los niños depositen allí sus miedos antes de dormir. Más que un simple juguete, la pieza funciona como un recurso afectivo que transforma una experiencia cotidiana en un pequeño ritual de tranquilidad. En sus manos, cada diseño parece nacer acompañado de una historia.
Otro de los pilares de su trabajo es el aprovechamiento consciente de los materiales. Mucho antes de que el upcycling se convirtiera en una tendencia internacional, Lorena ya recorría mercados de segunda mano buscando prendas con potencial para transformarse en nuevas piezas. “Yo vengo haciendo desde hace muchísimo tiempo”, afirmó al recordar aquellos primeros proyectos construidos a partir de telas recuperadas y jeans en desuso.
Lejos de entender el reciclaje como una limitación, lo concibe como una fuente inagotable de creatividad. Bolsos confeccionados con mezclilla reciclada, organizadores de libros, ropa infantil y accesorios surgen de materiales que parecían haber cumplido su ciclo. “Trato de comprar lo menos posible y sacarle provecho todo lo que ya tengo”, sostuvo, convencida de que el diseño también puede contribuir a disminuir el impacto ambiental de la industria textil.
La experimentación con fibras naturales y tintes vegetales completa esa búsqueda. Lorena explicó cómo obtiene diferentes tonalidades utilizando flores, hojas y plantas mexicanas, disfrutando de un proceso que definió casi como un acto de magia. “La verdad también eso es como mágico”, expresó al describir la transformación que ocurre cuando una misma planta produce una amplia gama de colores sobre distintas telas.
Hacia el final de la entrevista, la diseñadora dejó un mensaje dirigido a quienes desean comenzar su propio camino creativo. Más que ofrecer fórmulas, alentó a confiar en las ideas propias, prepararse y permitirse experimentar sin miedo. “Que le pongan corazón a lo que están haciendo. Realmente si tienes la idea… déjate llevar”, aconsejó. Y resumió su filosofía con una afirmación que atraviesa toda su trayectoria: “La creatividad es en ti, pues tienes que hacerla y aprovechar todo lo que ya tenemos.”



