Radicada en Argentina desde hace más de dos décadas, la diseñadora peruana Aldana Vilcabana construyó una carrera donde la creatividad dialoga permanentemente con la técnica. En conversación con Alpamoda, reflexionó sobre la moldería, el diseño a medida, el trabajo en equipo y la responsabilidad de crear prendas capaces de respetar la identidad de cada persona.
Diseñar no consiste únicamente en imaginar una prenda. Mucho antes de elegir una tela o dibujar una silueta, comienza un ejercicio más complejo: encontrar el equilibrio. Equilibrio entre la idea y la técnica, entre la tendencia y la personalidad, entre lo que una persona desea vestir y aquello que realmente la hace sentir ella misma. Esa búsqueda permanente atraviesa la historia profesional de Aldana Vilcabana, una diseñadora que entiende la moda como un oficio donde cada decisión tiene un porqué.
Durante la entrevista concedida a Diaflor Quiñones para Alpamoda, Aldana recordó que su vínculo con el diseño nació cuando apenas era una niña. La influencia de su abuela y el ambiente creativo de su familia despertaron una pasión que nunca dejó de acompañarla. Con apenas cinco o seis años ya imaginaba prendas, observaba detalles y descubría que vestir a una persona también era una forma de contar una historia.
Instalada desde hace más de veinte años en Argentina, desarrolló una propuesta profesional que combina dos universos complementarios. Por un lado, el desarrollo integral de producto para distintas marcas, acompañando cada etapa del proceso, desde el diseño hasta la producción. Por otro, un trabajo profundamente personalizado junto a clientas que buscan prendas hechas a medida, pensadas para expresar su identidad y responder a necesidades específicas.
Sin embargo, uno de los aspectos que más entusiasmo despertó durante la conversación fue la moldería, disciplina que considera uno de los pilares fundamentales del diseño. “Hacer un dibujito es genial, pero plasmar eso es mucho mejor”, afirmó al explicar que detrás de cada prenda existe un proceso técnico donde el conocimiento se transforma en una estructura capaz de adaptarse al movimiento y a las proporciones de cada cuerpo.
Lejos de aferrarse a un único método, Aldana sostiene que cada diseñador termina construyendo su propio sistema a partir del estudio, la práctica y la experiencia. Después de formarse tanto en Perú como en Argentina, decidió combinar distintas metodologías para desarrollar una forma de trabajo propia. Esa flexibilidad —explicó— le permite responder a las necesidades de diferentes marcas, públicos y estilos sin perder precisión técnica.
La entrevista también permitió conocer la amplitud de un oficio que muchas veces se reduce únicamente al dibujo. Además de crear colecciones y prendas a medida, la diseñadora asesora empresas, desarrolla productos, coordina procesos de producción y acompaña proyectos que incluso llegan desde otros países. Recientemente, contó, fue convocada desde España para brindar asesoramiento de diseño y producción en Argentina, una experiencia que confirmó el crecimiento internacional de su trabajo.
Buena parte de su trayectoria transcurre entre vestidos de fiesta, novias y vestuario escénico. Cada uno de esos proyectos representa un desafío diferente porque, según explicó, diseñar también implica comprender las emociones de quien llevará la prenda. En ocasiones, confesó, siente que su trabajo se parece al de un psicólogo: escuchar inseguridades, comprender expectativas y ayudar a que cada persona descubra una versión de sí misma con la que pueda sentirse cómoda y segura.
Uno de los ejemplos más significativos fue el de una novia de baja estatura que durante años había escuchado que determinado vestido “no era para ella”. Lejos de aceptar esa idea como una verdad absoluta, Aldana decidió trabajar junto a la clienta para construir una silueta armónica que respetara su deseo. El resultado confirmó una de sus principales convicciones: no existen cuerpos equivocados, sino diseños capaces de realzar la belleza particular de cada persona.
Aunque muchas de sus creaciones llevan su firma, la diseñadora insiste en que ningún proyecto importante se construye en soledad. Bordadores, costureras, modelistas, maquilladores y asistentes forman parte de un engranaje donde cada tarea resulta indispensable. “Es todo un equipo de trabajo”, resumió al destacar el valor de quienes acompañan cada proceso creativo y hacen posible que una idea termine convirtiéndose en una prenda terminada.
Al dirigirse a quienes recién comienzan en el mundo del diseño, Aldana eligió hablar menos de la moda y más del coraje. Invitó a perder el miedo, confiar en los propios sueños y asumir que ningún objetivo importante se alcanza sin sacrificio. Contó incluso que mantiene un hábito personal: escribir todos los días aquello que desea lograr, como una forma de mantener vivo el rumbo y recordar que los proyectos se construyen paso a paso.



