Doris Araujo: “Nunca es tarde para empezar el sueño que siempre estuvo esperando”

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La diseñadora peruana Doris Araujo encontró en la madurez el momento para desarrollar la colección que imaginó durante años. En diálogo con Alpamoda, repasó una vida atravesada por la enseñanza de su abuela, el oficio de la costura y una convicción que desafía cualquier calendario: nunca existe una edad límite para volver a aprender.

Hay sueños que llegan temprano y otros que necesitan esperar décadas para encontrar el momento indicado. No porque pierdan fuerza con los años, sino porque la vida, a veces, impone otros tiempos. La historia de Doris Araujo parece construida sobre esa certeza. Después de una vida dedicada a la costura, la modelista peruana decidió volver a estudiar, especializarse en moda étnica y comenzar a desarrollar la colección que durante mucho tiempo permaneció guardada entre bocetos, telas y proyectos postergados.

Durante la entrevista concedida a Diaflor Quiñones para Alpamoda, Doris recordó que su primer contacto con el mundo textil no ocurrió en una academia, sino en la casa de su abuela. Fue ella quien, siendo apenas una niña, le enseñó a tejer, bordar y valorar el trabajo hecho con las manos. “Aprendí a tejer desde los ocho años”, recordó al evocar aquellos días en los que las enseñanzas familiares terminaron sembrando una vocación que la acompañaría toda la vida.

Con apenas quince años comenzó a confeccionar prendas de manera autodidacta. Sin estudios formales, aprendió a interpretar moldes publicados en revistas mexicanas y adaptarlos a las medidas de sus clientas. Aquella curiosidad inicial fue transformándose lentamente en un oficio que ejerció durante décadas, perfeccionando técnicas y construyendo una trayectoria silenciosa, lejos de los escenarios, pero siempre cerca de las telas y las máquinas de coser.

Paradójicamente, el gran cambio llegó muchos años después. Mientras otras personas consideran que la formación tiene un punto final, Doris decidió regresar a las aulas. Cursos de bordado peruano, patronaje, diseño y actualización profesional comenzaron a formar parte de su rutina, convencida de que el conocimiento nunca deja de ampliarse. “La edad no tiene nada que ver”, afirmó con naturalidad, una frase que resume buena parte de su recorrido personal.

Ese nuevo aprendizaje encontró un punto de inflexión cuando conoció el trabajo de la maestra Olga Safferson. La formación en bordado peruano no solo le permitió incorporar nuevas técnicas, sino también descubrir una forma distinta de interpretar el patrimonio textil del país. A partir de entonces, decidió orientar su producción hacia una colección inspirada en la moda étnica peruana, donde el diseño contemporáneo dialoga con bordados tradicionales, mantas andinas y el trabajo de artesanos especializados.

Cada una de sus prendas es el resultado de un proceso profundamente colaborativo. Doris diseña, desarrolla los moldes y trabaja junto a bordadores como el artesano cusqueño Abel Choque, responsable de plasmar sobre la tela los dibujos concebidos para sus colecciones. Esa articulación entre diseño y oficio artesanal convierte cada vestido en una pieza irrepetible, donde el conocimiento técnico y la tradición dialogan en igualdad de condiciones.

Aunque actualmente concentra sus esfuerzos en la moda étnica, su trayectoria también incluye vestidos de novia, prendas a medida y una extensa experiencia como modista y modelista. Durante la pandemia, incluso encontró una nueva manera de mantenerse creativamente activa confeccionando bolsos bordados con los materiales que tenía disponibles en su taller. Lejos de detener el trabajo, el aislamiento terminó convirtiéndose en una oportunidad para seguir experimentando.

A lo largo de la conversación también quedó en evidencia una cualidad que atraviesa toda su carrera: la humildad para seguir aprendiendo. Doris mencionó con gratitud a cada uno de los docentes y profesionales que contribuyeron a su formación, convencida de que ningún diseñador crece en soledad. Para ella, capacitarse permanentemente representa una forma de respeto hacia el oficio y hacia quienes confiarán luego en sus creaciones.

Sobre el final, dejó un mensaje dirigido especialmente a quienes sienten que ya es demasiado tarde para comenzar un proyecto. “No dejen lo que quieren hacer… aunque sea tarde, no importa, hay que empezarlo”, expresó, invitando a transformar los sueños postergados en decisiones concretas.

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