Desde Ayacucho, la diseñadora Arix Vega encontró en la moda urbana un puente entre las nuevas generaciones y la riqueza cultural de los Andes. En diálogo con Alpamoda, compartió cómo el reciclaje textil, el trabajo colectivo y el compromiso con la memoria de su pueblo dieron forma a una propuesta donde cada prenda busca demostrar que la tradición también puede caminar por las calles del presente.
Hay culturas que sobreviven en los libros, otras en los museos y algunas encuentran una manera mucho más cotidiana de permanecer vivas: habitan en la ropa que las personas eligen vestir. Esa parece ser la convicción que atraviesa el trabajo de Arix Vega, una joven diseñadora ayacuchana que decidió convertir la moda urbana en un espacio donde los bordados, el quechua, los telares y la memoria colectiva dialogan con las nuevas generaciones sin perder autenticidad.
Durante la entrevista concedida a Diaflor Quiñones para Alpamoda, la diseñadora recordó que descubrió su vocación cuando todavía cursaba la escuela secundaria. “Desde tercero de secundaria ya lo tenía claro”, afirmó al relatar cómo comenzó a capacitarse en diseño hasta encontrar una manera propia de expresar aquello que más la movilizaba: la cultura de Ayacucho.
Ese camino desembocó en la creación de Arix Moda Andina, una marca que nació con un propósito muy claro: demostrar que la identidad cultural no está reñida con las tendencias contemporáneas. Sus colecciones parten de prendas de segunda mano que recuperan una nueva vida mediante bordados tradicionales, mantas ayacuchanas, textiles artesanales e inscripciones en quechua. Para ella, reciclar no solo significa reducir el impacto ambiental, sino también rescatar historias que parecían destinadas al olvido.
Los primeros diseños surgieron casi por intuición. Invitada a participar en un certamen de belleza cuando apenas comenzaba a estudiar, aceptó el desafío sin dominar todavía muchas de las técnicas que más tarde aprendería profesionalmente. Con retazos de manta confeccionó vestidos y trajes de baño improvisando sobre el cuerpo de las modelos. Aquella experiencia, recuerda, terminó convirtiéndose en el verdadero punto de partida de una carrera que no ha dejado de crecer.
La propuesta fue encontrando rápidamente un lugar entre los jóvenes ayacuchanos. Lo que inicialmente estaba pensado para mujeres comenzó a transformarse cuando varios hombres manifestaron el deseo de vestir prendas con la misma impronta cultural. Así aparecieron las camisas bordadas, una apuesta que rompía con ciertos códigos tradicionales del vestir masculino. “Traemos esas tendencias de otros lugares y las complementamos con lo andino, para que sigan la moda llevando su cultura”, explicó al resumir la filosofía de su marca.
Sin embargo, uno de los aspectos más llamativos de su historia no tiene que ver con las prendas, sino con la manera en que entiende el crecimiento profesional. Lejos de hablar de competencia, Arix describió una comunidad de emprendedores donde cada diseñador desarrolla un rubro diferente y todos se apoyan mutuamente. “No competimos entre nosotros, sino que nos apoyamos”, aseguró al explicar que esa unión permite ofrecer una propuesta integral inspirada en la identidad andina.
Esa lógica colaborativa también se refleja puertas adentro de su propio equipo. Modelos, fotógrafos, estilistas y maquilladores participan activamente del proceso creativo, aportando ideas que muchas veces terminan definiendo una colección completa. Para Arix, diseñar dejó hace tiempo de ser una tarea individual para convertirse en una construcción colectiva donde cada mirada enriquece el resultado final.
Pero la entrevista dio un giro cuando la conversación abandonó el terreno del diseño para adentrarse en uno de los capítulos más dolorosos de la historia reciente de Ayacucho. Inspirada por la imagen de una mujer que marchaba sosteniendo una bandera de luto durante el carnaval, la diseñadora decidió que su propuesta para Alpamoda estaría dedicada a las víctimas de las protestas ocurridas en Perú. “No están solos”, afirmó al referirse a las familias que aún reclaman justicia por quienes perdieron la vida. Aquella colección dejó de ser únicamente un ejercicio creativo para transformarse en un acto de memoria y acompañamiento.
Lejos de entender la moda como un espacio ajeno a la realidad social, Arix sostiene que el diseño también puede convertirse en una forma de expresar aquello que muchas veces resulta difícil decir con palabras. Por eso eligió el arte para amplificar una demanda que, según explicó, continúa vigente mucho tiempo después de los hechos que marcaron a su comunidad.
En el tramo final de la conversación dejó un mensaje dirigido a quienes sueñan con iniciar su propio camino creativo. Recordó que comenzó sin máquinas industriales, sin grandes recursos económicos y sin conocer realmente todo lo que implicaba estudiar diseño. Aun así, insistió en que la perseverancia termina encontrando oportunidades para quienes trabajan con convicción. “Sueñen bastante y sean muy perseverantes”, aconsejó, convencida de que los obstáculos nunca deberían convertirse en una excusa para abandonar un proyecto.



